Todavia usabamos teclados: "asdzfrqewrz"
Durante aquellos años todavía usábamos teclados. No existían esos lectores pulsativos capaces de leernos las palabras, ni de tragarnos las ideas como máquinas sedientas de pensamientos. Mi vida se caracterizaba por arreglar computadoras, que solían ser tan grandes como pelotas de fut-bol y en sus interiores se utilizaban partes de metal y plástico que contaminaba el ambiente.
Una tarde, las nubes aún se distinguían en el cielo y no había contaminación que nos impidiera observar las estrellas en el campo, me encontraba en mi taller arreglando una computadora que venía dándome muchos problemas. El teclado no quería funcionar correctamente. Su función era básicamente decirle a la computadora qué clase de símbolo o letra uno apretaba. El problema era que ninguna de las teclas funcionaba. Moví los cables, esos ductos informáticos que mediante alambres en su interior fungen como caminos tangibles por donde viajaba la electricidad o la luz, y pareció que el teclado dio señales de estar funcionando de nuevo.
En la pantalla del monitor había una línea vertical intermitente, señal que indicaba el renglón donde aparecería lo que uno escribiera. Este parecía esperar que yo tecleara algo, cualquier cosa. Reconozco que en ese momento no tuve una gran idea, y no se me ocurría nada original para teclear, además que el objetivo no era hacer algo interesante, sino solamente asegurarme que el teclado funcionara. Como un acto reflejo levanté la mano, perdiéndose en la oscuridad cercana al techo del taller y cayó poderosamente sobre la agrupación de teclas con el abecedario sobre ellas. *
De todas las combinaciones posibles, surgió un "asdzfrqewrz". Oprimí todas las teclas, solo para poner esa rara mezcolanza de letras sin sentido ni lógica. Aunque muy dentro de mí, tenían más sentido que la calle que desemboca en mi casa.
Bien pudo haber sido un "dsygy" o un "sarwdsxsfe". Pero fue obvio que había un mensaje en esas letras. También pudo haber sido un hola mal escrito como solía suceder por esos tiempos, algo así como "hla", "ola" o "hols". Las posibilidades que ofrecían los teclados de la época eran casi infinitas.
El destino jugaba al Scrabble con el teclado y mis violentas manos cayendo a toda velocidad para obtener un sencillo, pero lleno de significado "asdzfrqewrz". ¿Quién iba a decir que a partir de esta anotación tan simple encontraría sentido el rumbo que debía tomar mi vida?
Analicé que la letra "A" estaba al inicio, justo como en el abecedario, y la z al final. Resultó más que obvio que la señal era comenzar y terminar lo que uno empieza. Por lo que comencé a escribir en grandes pergaminos chinos, de los cuales no mencionaré el origen, porque, para ser honesto lo desconozco, cualquier cantidad de letras resultado de tecleos al azar.
Obtuve un "uftdsa", que me pareció como de cansancio y flojera. Cómo los resoplidos de mi hermana al no querer realizar alguna labor específica. Después apareció un "twsfuidewqf" que era más largo y un poco más complicado. Con el tiempo llegaron "sagf3ygd", "8wuyeqiwu" y "9smno2slsl" que ya venían acompañados por números, complicando más su significado.
Pero un día, como cualquier otro día, mientras yo tecleaba, la poca presición con que estrellaba en el teclado mis manos extendidas surgió algo más que un simple "asdzfrqewrz": "$/SBWJIAU&%"$#{".
Un "$/SBWJ343IAU&%"$#{" venía sobrecargado de símbolismos. Era un poco de todo. Ese día, decidí suicidarme. Y aquí donde vivo, solamente hay un teclado, una impresora y muchas hojas blancas. EL problema fue que ayer me quedé sin tinta negra, y ahora todo lo imprimo en color rosa, que parece ser interminable.
Una tarde, las nubes aún se distinguían en el cielo y no había contaminación que nos impidiera observar las estrellas en el campo, me encontraba en mi taller arreglando una computadora que venía dándome muchos problemas. El teclado no quería funcionar correctamente. Su función era básicamente decirle a la computadora qué clase de símbolo o letra uno apretaba. El problema era que ninguna de las teclas funcionaba. Moví los cables, esos ductos informáticos que mediante alambres en su interior fungen como caminos tangibles por donde viajaba la electricidad o la luz, y pareció que el teclado dio señales de estar funcionando de nuevo.
En la pantalla del monitor había una línea vertical intermitente, señal que indicaba el renglón donde aparecería lo que uno escribiera. Este parecía esperar que yo tecleara algo, cualquier cosa. Reconozco que en ese momento no tuve una gran idea, y no se me ocurría nada original para teclear, además que el objetivo no era hacer algo interesante, sino solamente asegurarme que el teclado funcionara. Como un acto reflejo levanté la mano, perdiéndose en la oscuridad cercana al techo del taller y cayó poderosamente sobre la agrupación de teclas con el abecedario sobre ellas. *
De todas las combinaciones posibles, surgió un "asdzfrqewrz". Oprimí todas las teclas, solo para poner esa rara mezcolanza de letras sin sentido ni lógica. Aunque muy dentro de mí, tenían más sentido que la calle que desemboca en mi casa.
Bien pudo haber sido un "dsygy" o un "sarwdsxsfe". Pero fue obvio que había un mensaje en esas letras. También pudo haber sido un hola mal escrito como solía suceder por esos tiempos, algo así como "hla", "ola" o "hols". Las posibilidades que ofrecían los teclados de la época eran casi infinitas.
El destino jugaba al Scrabble con el teclado y mis violentas manos cayendo a toda velocidad para obtener un sencillo, pero lleno de significado "asdzfrqewrz". ¿Quién iba a decir que a partir de esta anotación tan simple encontraría sentido el rumbo que debía tomar mi vida?
Analicé que la letra "A" estaba al inicio, justo como en el abecedario, y la z al final. Resultó más que obvio que la señal era comenzar y terminar lo que uno empieza. Por lo que comencé a escribir en grandes pergaminos chinos, de los cuales no mencionaré el origen, porque, para ser honesto lo desconozco, cualquier cantidad de letras resultado de tecleos al azar.
Obtuve un "uftdsa", que me pareció como de cansancio y flojera. Cómo los resoplidos de mi hermana al no querer realizar alguna labor específica. Después apareció un "twsfuidewqf" que era más largo y un poco más complicado. Con el tiempo llegaron "sagf3ygd", "8wuyeqiwu" y "9smno2slsl" que ya venían acompañados por números, complicando más su significado.
Pero un día, como cualquier otro día, mientras yo tecleaba, la poca presición con que estrellaba en el teclado mis manos extendidas surgió algo más que un simple "asdzfrqewrz": "$/SBWJIAU&%"$#{".
Un "$/SBWJ343IAU&%"$#{" venía sobrecargado de símbolismos. Era un poco de todo. Ese día, decidí suicidarme. Y aquí donde vivo, solamente hay un teclado, una impresora y muchas hojas blancas. EL problema fue que ayer me quedé sin tinta negra, y ahora todo lo imprimo en color rosa, que parece ser interminable.
